Cuando las distancias la acechan y su propia mente persigue al corazón, ¿dónde puede ella refugiarse, más que en la oscuridad de no sentir nada? Cuando siente que cada latido no hace más que torturar su existencia, es ahí cuando desea poder dormir eternamente. O, incluso, si no es eterno, al menos que el descanso sea largo, tanto como para permitir que las cosas a su alrededor cambien. A mejor o a peor. Poco importa, mientras la realidad sea distinta. Porque lo distinto no es bueno o malo ni mejor o peor, es simplemente diferente y así hay que aceptarlo. Y esa es su solución: esperar a que todo sea distinto.

Pero cuando ella es la única que quiere cambios, el mundo no se adaptará a sus peticiones. La democracia de vivir consiste en que los deseos de la mayoría se realicen. Es un principio de justicia. ¿Pero es justo que ella sufra? Entonces será justo que su mundo siga igual que antes. Será justo que vea en los ojos de un amigo un amor que ella jamás sentirá y que no pueda ver los ojos de a quien ella quiere amar.

¿Ha sido el voto mayoritario lo que hizo que se inventaran las distancias? ¿Lo que hizo que nacieran en lugares apartados? ¿Lo que la hizo tener que apartarse de su gran amor y lo que le impide ver a su próximo ser querido?

Pocas opciones le quedan, si el mundo no se dispone a cambiar. Aceptar la distancia y creer en la sinceridad de sus «te quiero» o negarse el placer de amar y ser amada. Con esos ojos que no puede ver, esas palabras que no puede saber si son ciertas… ¿Vale la pena arriesgarse?

¿Valió la pena arriesgarse por aquel que a un oceano (literal) de distancia se encuentra? Sí, la valió. Pero, si mereció la pena, ¿por qué no cree ciegamente lo que dice quien se encuentra a menos de una frontera de distancia? Si esto último vale la pena… ¿La vale más que lo primero?

Ahora queda saber si hay que tirarse al océano a nadar o caminar sobre esta tierra.

Maldito el Dios que inventó las distancias, maldito aquél que le dio la idea. Y maldita ella por buscar al amor en la lejanía de las tierras.

One thought on “no one there

  1. «Ahora queda saber si hay que tirarse al oceano a nadar o
    caminar sobre esta tierra.»
    Hay que tirarse al ocenao y bucear entre un sin fin de
    posibilidades que te da la vida y no puedes perder..
    Sin duda la distancia es algo peligroso pero si tienes a ese
    alguien especial a tu lado.. la distancia sencillamente no
    existe…
    Gran texto ;)

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