Al parecer fue ayer, cuando ella heredó una casa. ¿Una casa? Yo diría más bien que era un edificio o un hotel. Digamos que, uno de estos que parecen completamente normales; o aburridos quizás. Pero benditas las engañosas apariencias, ya que en realidad estaba más cerca de ser una Mansión Winchester a un edificio convencional.

Una mansión Winchester… Sería mentir, decir que era exactamente igual: en este edificio, no había puertas que diesen al vacío, y a diferencia de la enorme mansión, en todo el edificio había más de un cuarto de baño. No, era tan sencillamente un hotel, pero dotado de una arquitectura peculiar: tan solo bastaba con recorrer cuatro o cinco pisos de los 80 del edificio para darse cuenta (quizás un poco mucho, ¿no?); pues había, sin cesar, ventanas que comunicaban cuartos que se encontraban completamente alejados el uno del otro; a la vez que los baños podían tener ventanas que comunicasen con la habitación adyacente o el salón. Era algo retorcido, como sitio a habitar. Un sueño hecho realidad, podríamos incluso decir. El sueño de cualquier mente perturbada.

La celebración de dicha herencia dio a lugar una especie de feria, en las últimas plantas. En ellas podíamos encontrar pequeñas tiendas de todo tipo, pero lo que ella buscaba era un anillo… Cualquiera, a decir verdad; con que fuera bonito, le bastaba. Pero no era ella la única con intenciones de comprar, pues al poco tiempo descubrió que su padre había decidido (porque sí) comprarle una estantería entera de libros. Era bueno para su instrucción si iba a abandonar este país, decía él.

Y fue así como fueron pasando las cosas, bastante rápido a decir verdad. Y a santo de nada, decidió hacer un plano de toda su nueva casa. Tenía planes para construirlo en un lujoso hotel, y para ello necesitaba tenerlo todo bien organizado. Así empezó, desde el piso de abajo, a subir, poco a poco, por las escaleras, y dibujar lo que veía.

Sería mentir decir que sólo una cosa le llamó la atención, pues todo el edificio era un maravilla de la arquitectura paranoica. Sin embargo, su memoria destaca particularmente el haber entrado en una habitación del segundo piso y encontrarse con una configuración bastante más peculiar que la del piso anterior. Descubrió una habitación, completamente cerrada y bastante claustrofóbica, con una única puerta (aparte de la de entrada) que se dirigía al servicio. Entró, para poder seguir con sus planos, y se encontró con un cuarto de baño más bien pequeño pero cómodo, con dos ventanas. Una, dejaba a la vista una habitación completamente iluminada y extensa. La otra, permitía ver el inmenso baño de la sala contigua, con cristales y espejos por todos lados.

Tampoco se paró mucho a mirar el cuarto infinito, pues centró su mirada en aquel baño, en aquellos espejos. Quedó fascinada por su belleza, y por el cristal de mármol negro que sus cubría paredes y suelo. Fue entonces cuando él entró, la encontró estupefacta y abrazó por detrás. No se hizo esperar, pues con una sonrisa, tras besar su cuello y oreja, le susurró, tiernamente: «¿hacemos el amor?»

***

Hoy, en cambio, se encontró en una casa desconocida, pero con gente aparentemente familiar. Resultó ser una reunión, al parecer de alguna asociación en el que ella apenas llevaba un par de días metida. Qué tontería. Pero se apunta a cualquier cosa, ella; y en la reunión habían decidido poner música, y la gente estaba bailando. Se divertían, ¿así que por qué ella no?

Como no todos los días son iguales, esta vez, él tardó menos en aparecer. Ya estaba ahí desde hacía tiempo, y de vez en cuando se acercaba a ella. Reían. Bailaban. Pero volvía a marcharse y a dejarla con otra gente. Luego lo iba a buscar ella; pero otra vez lo mismo. Era como un vaivén de bailes, en el que difícilmente podían estar juntos mucho tiempo.

Y, por si fuera poco, la gente se ponía a quejarse de otras personas, a ella. Quizás por considerarla maternal y ser buena escuchando las quejas; pero resultó que todo el mundo la trataba como si fuese ella quien tomase las decisiones. Y daba igual que ella dijese que no. ¿Qué voy a tomar yo decisiones, si soy nueva? Insistía, pregúntenle a él. Pero parecía como si, el único caso que le hicieran, era para ser quien escuchase sus quejas. Y la poca compañía que ellos podían ofrecerle, al poco rato, desaparecía también: por tener otras cosas que hacer, otros con quien bailar o reír; o por creer que, por no poder ayudarles, la intención de ella era ofenderlos.

Y, entre tanta gente, en realidad sí que cuesta, y a ella le costó; pero consiguió escapar, para encontrarse junto a él. Estaba molesta, y celosa, porque él siempre bailaba y se reía como con nadie, con la misma otra mujer; y quizás la otra lo divertía más de lo que ella misma podría hacer reír a él. Con esa imagen de celos en la mente, entre mimosa y caprichosa, logró tenerlo un rato con ella, lograron reír juntos, bailar, hablar… Y hasta decía él que no podía besarla, aunque se muriese de ganas…. Sería que no lo intentaba, pensaba ella, pero al final él cayó. Dejó de bailar, la abrazó; y se acercó para susurrarle al oído.

***

A veces, una miente. O, sencillamente, digamos que se equivoca. ¿Si uno es consciente, es mentira y si no es equivocación? No sé. Pero yo sé que mentí. O me equivoqué. O quizás las dos.

Será que una se siente sola. Será que teme despertarse, de nuevo, completamente abandonada a su propia suerte. Será. Yo, en todo caso, temo despertarme sola, sé que me despertaré sola, sé que estoy sola.

Y me da miedo dormirme. Porque todo eso, lo sé. Bah, eso dije. Que eso era lo que me daba miedo. Mentí.

O me equivoqué, porque me doy cuenta ahora. No quiero dormir porque… No. Lo que no quiero es despertarme. Sí que quiero dormir, porque es el único modo que tengo de sentirlo cerca mío. Si no quisiese dormir, no dormiría; en vez de pasarme 14 horas cada noche soñando con su presencia. Catorce horas sin la voluntad de despertarme; hasta que me sobresalto por escuchar que gritan mi nombre.

Mentí. Quiero dormir. Porque te recuerdo. Porque puedo volver a encontrarte en lo más profundo de mis sueños. No temo dormir. Temo olvidarte cuando me haya despertado.

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