«… Dans ces moments, Usbek, je donnerais l’empire du monde pour un seul de tes baisers. Qu’une femme est malheureuse d’avoir des désirs si violents, lorsqu’elle est privée de celui qui peut seul les satisfaires; que, livrée à elle-même, n’ayant rien qui puisse la distraire, il faut qu’elle vive l’habitude des soupirs et dans la fureur d’une passion irritée …»

Se han escrito muchas cosas sobre el amor. Muchas, quizás demasiadas. Se le ha puesto nombre, a aquello que nadie sabe nombrar, y forma, tacto, olor. Dicen que todo el mundo sabe hablar de amor. Supongo que la prueba son los innumerables libros, hojas y poemas repletos de este sentimiento. Y yo, sin embargo, que antes hablaba de cosas como estas, que aún no había sentido; ahora poco sé decir. Ya no sé completar páginas enteras con palabras sobre lo maravillosa que es la vida, ahora que estás en el mundo, ni sobre cuánto te amo.

Quizás, no me haga falta. No creo que necesite palabras, para que lo sepas.

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