No lo digo yo, lo dice Gardel, en el tango «Volver».

He aprendido mucho en estos viente años de vida. He aprendido que a veces el amor se acaba y que no vale la pena odiar eternamente. Que el rencor se guarda hacia aquellos que nos importan… Y que eso lo hace terriblemente absurdo.

He aprendido que soy vaga (a más no poder), fácil de distraer y aún más fácil de contentar. Que las únicas promesas que no mantengo son las que me hago a mí misma. Que soy terca, testaruda y adoro tener razón.

En veinte años he descubierto que se me da bien escribir (normalmente) si tengo algo de inspiración, memorizar fechas de cumpleaños, las ciencias en general, y la pastelería. Se me da bien ser una novia fiel, atenta y cariñosa.

Se me da también demasiado bien ser una novia histérica y caprichosa. Se me dan mal los colores, lidiar con mi cleptomanía y decir lo que realmente pienso.

Sé que jamás en la vida me tiraría en paracaídas y sin duda alguna prefiero evitar volar. Sé que pierdo cantidades absurdas de horas al día viendo series, películas y anime. Sé que dedico una gran parte de mi tiempo no a ordenar, sino a reorganizar mis desordenes. Por eso todavía tengo cantidades brutales de papeles en mi escritorio y una caja en mi habitación con cosas de la última mudanza.

Sé que tengo una fascinación por los peluches que hasta hace tres años no tenía. Y mil proyectos en mente que acabarán olvidados. Me motivo con cambios que al final nunca llego a realizar.

Me he dado cuenta en este último año que hubo una época en la que mis cambios de look eran un intento de convencerme de que había cambiado como persona. Hoy, sólo tengo que cambiar para no aburrirme de mí misma.

Adoro: enamorarme, los tulipanes, los tucanes, el color cyan, el chocolate, las bodas, el teatro, el diseño escandinavo, Finlandia, el anime y los sombreros.

Odio: a Freud, los gatos, el verano, las piscinas, el mar, los textos sin ‘justificar’, la provocación gratuita y que me cancelen los planes a última hora.

Sé que soy autodestructiva y que no existe en el mundo nadie que conozca todos mis secretos ni todas mis verdades. Y que es altamente probable que nunca exista tal persona.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *