Es bastante común, al menos en Madrid, encontrarse con jóvenes en el metro escuchando música. Lamentablemente, también es común que el resto del vagón tenga que escuchar la misma música, ya que muchos bombardean en sus oídos música a unos decibelios poco recomendables.

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Si la intención de estos jóvenes es solidaria, si de verdad lo que buscan es que el resto de los pasajeros puedan disfrutar de la misma buena música que ellos, su práctica resulta peligrosa, y debería ser remediada: su buena intención acabarán produciéndoles sordera.

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¿Cómo ayudar a estos solidarios? Pues creando un objeto imposible, producto de unificar unos auriculares (que proyectan la música hacia el exterior) a unos tapones para los oídos. Así, quienes se encuentren alrededor podrán disfrutar de la música sin inconvenientes ni distorsiones, mientras que el usuario conseguirá mejorar significativamente su salud (o al menos, no dañarla más).

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