Hace unos años visité las cuevas de Altamira, una cavidad preciosa llena de pinturas y grabados prehistóricos, y estando de camino a El Soplao, pensé que vería más o menos lo mismo. Nada más lejos de la realidad.

El Soplao no es importante por sus pinturas rupestres, sino por la belleza de los minerales: sus colores y sus formas. Admitiré que nunca me ha gustado la geología: eran las clases más aburridas y todas las piedras me parecían iguales. Pero entonces era joven e incapaz de entender las cosas que me rodeaban. Hoy, conociendo mejor la física y los materiales, no sólo me han resultado preciosas las estalactitas, estalagmitas y las formaciones excéntricas (sobre todo las formaciones excéntricas) sino también fascinantes e inspiradoras.

La guía habló de capilaridad, de cavidades instersticiales, de cambios de temperatura y de cristalografía. Términos que comprendo y he interiorizado, cuestiones que hacen que lo desconocido se vuelva más cercano. Y aunque todavía se barajan teorías sobre las formaciones excéntricas de El Soplao, el hecho de ser capaz de generar mis propias teorías me resulta gratificante.

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