Del 28 al 30 de julio he estado de paso por París. La verdad es que sólo he estado una vez antes, en 2004. Entonces visité Les Invalides, la Torre Eiffel, Sacré Coeur, el obelisco; me recorrí los Champs Elysées y las catacumbas… Y alguna otra cosa más que no recuerdo especialmente. Pondría alguna foto de esa época, pero la verdad es que hace un año tuve un problemón con mi ordenador y perdí bastante información de mi ordenador, entre la cual toooodas las fotos que tenía almacenadas. Así que vamos a centrarnos en la visita de este año.

La invitación a pasar unos días en París fue inesperada y, la verdad es que no es una ciudad que tuviese especial ganas de visitar de nuevo. Si fuese a elegir un destino turístico, preferiría algún lugar que no hubiese visitado ya. Pero he disfrutado de la visita, visitando el Louvre, viendo la Estatua de la Libertad y recorriendo las calles de París.

Estuve acompañando a mi madre, así que sólo estuvimos juntas el domingo (su viaje no era puramente vacacional) y decidimos ir al Musée d’Orsay, ya que resulta que mi madre es gran fan de los impresionistas y tenía muchas ganas de visitarlo. Yo no sé apreciar mucho el impresionismo, así que no tardé mucho en cansarme de tanta pintura. Pero para mi alegría había varias salas dedicadas a las artes decorativas (literalmente, además, porque representaban el movimiento Art Déco) que me resultaron interesantes.

Volvimos andando al hotel (cerca de Montparnasse), y recorrimos alguna calle de París (el Boulevard de Saint Germain, si mal no recuerdo) en la que estaban los showrooms de las casas de diseño más famosas (Alessi, Capellini, Kartell…).

Ya sobre las 19h fuimos hacia la Torre Eiffel, paseando por diferentes calles mientras veíamos el pico sobre los edificios. En el parque que une la Torre con Les Invalides, nos sentamos y saqué esta foto, a la que titulé «Torres Eiffeles que se creen de Pisa», también conocida como «Lor no sabe sujetar una cámara».

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«Torres Eiffeles que se creen de Pisa»

En este punto es importante destacar que la Torre Eiffel es mi monumento favorito. No solo por lo espectacular que es por sus dimensiones, por su forma y sus materiales. Sino por lo que representa para los franceses, para los diseñadores, para los ingenieros y para la especie humana. Podría estar horas hablando de lo espléndida que es, pero mejor hacerlo tomando un café o unas cervezas.

Seguimos: el lunes fui al Louvre, museo que no había visto antes y que sin duda mereció la pena visitar. Aunque, citando a uno de mis hermanos: «lo más impresionante del Louvre… es el Louvre». Para llegar ahí decidí optar por viajar en bus en lugar de metro. Y la verdad, es sorprendentemente fácil manejarse en París en autobús. Quizás sea porque estoy más que acostumbrada al metro de Madrid, que el de París me resultó feo y con un aspecto de suciedad pese a estar limpio. Pero la verdad es que cada parada de bus tiene marcado el recorrido que hace cada bus por la ciudad, por lo que es muy fácil ver por dónde pasa exactamente. Tal vez en Madrid, que es una ciudad más grande, esto sea muy difícil de hacer, pero en serio: el diagrama de cuáles son las paradas de los buses de Madrid es más que inexacto. «12 paradas en la calle Alcalá». Magnífico. ¿Cuál es la mía?

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La pirámide del Louvre, desde abajo.

Lo increíble del Louvre es que tiene muchas cosas de muchas épocas diferentes y muy bien organizadas. Hay que establecer un orden de visita para poder sacarle todo el partido posible al día… Porque verlo entero no es imposible, pero es agotador. También hay que saber alternar un poco los diferentes estilos, porque sino no se pueden apreciar bien todos los elementos.

Mis impresiones generales del Louvre:

  1. #FanAbsoluta de los mesopotámicos,
  2. La Mona Lisa es uno de los cuadros más decepcionantes que he visto,
  3. El cuadro de la coronación de Napoleón es el cuadro más espectacular que he visto,
  4. A los monarcas se les iba la olla con eso de la ostentación.

Sobre los mesopotámicos tengo que decir que sus trabajos me resultan absolutamente perfectos. Su nivel de detalle es algo increíblemente envidiable. Tengo que admitir que no soy especialmente hábil a la hora de realizar detalles, sobre todo trabajando con las manos, y por eso me fascina a un nivel extremadamente alto las miniaturas manuales. Además, las conceptualizaciones de las civilizaciones más antiguas de la figura humana o de otros elementos que los rodeaban me resulta tan fascinante que me resulta difícil de explicar.

Los detalles de estas figuras son envidiables.
Los detalles de estas figuras son envidiables.

Todo el mito que gira en torno a la Mona Lisa es absolutamente desproporcionado. O quizás no. Es difícil decir cuando el cuadro apenas mide 50×70 cm y es imposible acercarse a menos de 5 metros. Mucho más espectacular es la Venus de Milo o el cuadro de la coronación de Napoleón. Estaba acostumbrada a ver el cuadro en una esquinita de la página de un libro de historia que nunca me di cuenta de su magnitud. Impresionante. Me dejó sin palabras.

La Coronación de Napoleón. Espectacular.
La Coronación de Napoleón. Espectacular.

No llegué en esta ocasión a visitar Versailles, pero creo que la Sala Apollo del Louvre me quitó las ganas. De Versailles me gustaría ver las diferentes habitaciones decoradas con diferentes estilos, pero a los monarcas o emperadores se les iba completamente la olla con esa obsesión por fardar de lo que se tiene.

Sala Apollo del Louvre. #TooMuch
Sala Apollo del Louvre. #TooMuch

Bueno, y ya que estaba en el Louvre, aproveché además para hacerme una foto tuenti. Poco me gusta hacerme fotos, pero está bien evidenciar de alguna manera mi paso por el museo. Ni siquiera es una buena foto, pero poco más se puede esperar de mí con una cámara…

Foto tuenti en uno de los increíbles espejos del Louvre
Foto tuenti en uno de los increíbles espejos del Louvre

El Louvre ocupó casi todo mi día del lunes, porque, entre otras cosas, a los franceses les encanta hacer todo temprano. Así que me di un paseo y volví al hotel para quedar con mi tío, que vive en París. El paseo no fue muy largo porque tuve la desaventura de comprarme unas zapatillas en Primark antes de salir y éstas me destruyeron literalmente los pies. Caminar en París fue un infierno por culpa de esas zapatillas.

Quedé con mi tío para cenar. Él me dijo que pasaría por el hotel a buscarme, así que me bajé a la recepción y me quedé esperando a que viniera. No estuve más de 20 minutos esperando, pero parece que fue tiempo suficiente para que se me acercara un hombre de 40+ años, me saludara y me preguntara si era yo la escort a la que había llamado. Parpadeé un par de veces y le contesté que lo sentía pero no. Parece que no hace falta más que ser mujer y esperar en la recepción de un hotel para poder pasar por call girl. No sé, si hubiese llevado algo más sensual quizás lo habría comprendido, pero a lo mejor es que estoy muy acostumbrada a ver series estadounidenses y las call girls francesas son menos glamourosas.

El martes fui a ver la Estatua de la Libertad. Ni siquiera sabía que había una en París hasta que me lo dijo Rugnor, pero no podía perder la oportunidad de ver una réplica más pequeña del grandioso diseño de Eiffel. Preciosa.

La réplica del diseño de Eiffel en el Pont de Grenelle
La réplica del diseño de Eiffel en el Pont de Grenelle

Y… Poco más hay que contar de París. Aunque me he hecho varias preguntas en el viaje:

  • ¿Por qué hay militares con armas más grandes que mi brazo entero dando vueltas por la ciudad, como patrullando? Dan mucho mal rollo.

  • ¿Dónde están todas las boulangeries? Esperaba encontrarme una en cada esquina, y al final sólo hay cafeterías-panaderías o «de diseño», pero no boulangeries tradicionales.

  • ¿Por qué parece otoño en París a finales de julio?

¿Otoño a finales de julio? #Dafuq?
¿Otoño a finales de julio? #Dafuq?

Nada más por hoy <3

One thought on “Paris

  1. Recién hoy leí la reseña del viaje, y me encantó. Disfruté mucho tu descripción de la visita al Louvre.
    Tengo malos recuerdos de ese museo, Era de los últimos días de nuestro viaje y francamente estaba saturada de cuadros, estatuas, etc. etc., y había decidido NO VISITAR EL LOUVRE. Estaba muy dispuesta a volver a casa y contar alegremente que no lo había visitado porque no había querido y ya. Sin embargo, cedí a la insistencia de mi marido y fui. Me dejó con mi cámara de video y se fue a pasear durante una hora con Ignacio, que tenía casi un año. Huelga decir que ninguno de los dos tenía celular. Entré a la sala de los egipcios y al sacar la cámara de mi mochila, la apoyé sobre un plano inclinado y terminó en el piso, y dejó de funcionar. Recogí la cámara, me senté en el piso a llorar, y di por terminada mi visita cuando apenas habían transcurrido unos diez minutos. Antes de salir pregunté si podía volver a entrar, y me dijeron que sí. Me quedé sentada por ahí, hasta que finalmente pensé que era mejor volver a entrar, pero ya no encontré mi ticket. Fin de la historia…

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