Ya ha concluído mi segunda semana en Dublín, la primera que he estado trabajando. En el bonus de Life as a Dubliner I ya contaba que estoy trabajando en Creative Cakes, donde estoy convencida que aprenderé muchísimas cosas de decoración… Pero donde seguramente también desaprenda inglés.

Me explico: los socios dueños de Creative Cakes son una pareja formada por un irlandés y una polaca, pero quien siempre está en el obrador es ella. Por otra parte, tienen contratadas a dos chicas lituanas, que se hablan entre ellas en lituano. De hecho, una de ellas apenas habla inglés, siempre tiene que estar traduciendo la otra… Así que, resumiendo, estoy en un entorno en el que sí, se habla inglés para motivos de trabajo, pero la calidad del inglés es bastante mediocre: soy la única que conjuga verbos. Así que igual acabo desaprendiendo más que aprendiendo…

Por suerte no era ese mi objetivo al participar en la beca: lo que quiero es aprender a desenvolverme en una pastelería, y ahora con el trabajo que tengo, aprender a decorar tartas y manejar el fondant (que tan poco me gusta pero tan demandado está hoy en día).

Al hacer los bizcochos en la tienda, se generan muchos recortes, y como no tienen cómo rentabilizarlos, van a la basura. ¿Perdón? Sí, es así, y en Dublín es muy normal tirar la comida a todas horas, algo que me enferma. Mucho. Pero es así. Me he comprado un tupper para poder sacar del obrador toooodos los trozos de bizcocho que se vayan a tirar, porque tengo 29 bocas dispuestas a disfrutar de las espectaculares tartas que se preparan…

Pero vamos con el día a día.

Lunes

El primer día de trabajo fue muy básico: conocer las salidas de emergencia en caso de incendio y el funcionamiento de la empresa, dónde encontrar diferentes tipos de materiales y utensilios. Mi primer trabajo fue pintar un castillo de polietileno, cosa que me echó un poco hacia atrás: ¿por qué ibas a poner en una tarta algo que no se puede comer?

Estuve con esa tarta, de Frozen, durante gran parte de la semana. El lunes me tocó pintar el castillo y preparar diferentes copos de nieve y las letras para el mensaje dedicatorio. Como al final quedaba tiempo y no mucho que hacer, mi supervisora me propuso que probara a modelar, y así salió el Olaf que se ve en «Life as a Dubliner I». ¡Más tarde acabó en la tarta!

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La tarta luce más increíble de lo que realmente es, por lo de que el castillo es de polietileno…

Martes

Rosas, rosas y… ¡Rosas! Ese es mi resumen del martes. No es algo que al principio se me diese mal, en parte porque con mi abuela paterna hacíamos rosas de parafina cuando eramos pequeños, y más o menos recuerdo cómo iba la cosa. Y aunque están bien, me han dejado claro que no son de calidad suficiente como para estar en una tarta de boda, así que… A seguir practicando. Entre rosa y rosa, he estado limpiando y preparando moldes… Para no frustrarme, principalmente.

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Miércoles

Tocó el día de hacer el ridículo en televisión. Espero que no, la verdad, pero estoy convencida de que, a menos que hagan magia, ha sido terrible. Estuvimos 1h30 grabando para el programa «En Movimiento» de La2 (se emite el 10 de agosto), hablando sobre las Eurobecas y Creative Cakes.

El postureo de la tele es increíble. En la empresa en la cocina todos llevan el pelo recogido, pero simplemente con una coleta, no es que realmente estén protegiendo la comida ni nada. Yo soy la única que lleva todos los días un pañuelo, pero el día de la tele, llego y… Todo el mundo con gorro. Con sus zapatillas de seguridad y todo. Claro, en cuanto se fueron los de la tele, se quitaron todo lo ‘innecesario’. Postureo total.

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Cuando ya acabó el postureo de la tele me enseñaron a montar tartas y cubrirlas con fondant, aunque todavía no he practicado a ver qué tal se me da.

Jueves

Los jueves parecen ser días ocupados, ya que tienen que montar todas las tartas para el fin de semana. No había mucho trabajo en el que pudiese colaborar, así que me enseñaron a rellenar bizcochos y preparar las crema de mantequilla, para así tener preparadas tartas para degustación.

Por la tarde fue nuestra reunión con la monitora de las Eurobecas. Que digo yo: en lugar de la recepción de un hostal, ¿no era mejor reunirnos en un bar, donde poder tomarnos algo y que no nos manden a callar cada cinco minutos? Al acabar nuestras entrevistas individuales, rellenamos una encuesta y nos tomamos la pinta que echamos de menos mientras esperábamos nuestro turno.

Por la noche (¿noche? Eran las ocho de la tarde…) buscamos la BBQ gratuita que había en un bar. Llegamos tarde para la cena, claro (claro…) pero aún así una compañera con su encanto y poder de convicción consiguió que pudieramos comernos una hamburguesa, y que el atravesar Dublín no fuese en vano. Fue un jueves de esos que parecen viernes, pero no… siguen siendo jueves…

Viernes

Mi trabajo consistió casi exclusivamente en cortar bizcochos para la degustación. Me tocó cortar las tartas: strawberry madeira (bizcocho tradicional inglés con crema de mantequilla y mermelada de fresa), red velvet (con relleno de crema de mantequilla), chocolate biscuit, chocolate, carrot cake y una tarta típica irlandesa que lleva un chupitaco gigante de alcohol y está llena de pasas (absolutamente incomestible).

Por la noche nos apuntamos a un tour de bares. Se notaba que estaba pensado para turisteo, pero le quisimos dar una oportunidad. Te llevan a diferentes bares en los que estar 1 hora, y luego toca el siguiente… Pero entre bar y bar te marean y hacen callejear, porque en verdad están casi literalmente uno al lado del otro… En uno de los bares estuve hablando en francés con una parisina que también formaba parte del tour, que estaba encantada de encontrarse con alguien que hablara francés… Los hispanohablantes no tenemos ese problema: estamos en la ‘Spanish Season’, dos de cada tres personas en Dublín son españolas o hablan español. La verdad es que no el mejor sitio para practicar el inglés…

Sábado

El plan del sábado fue la visita a Howth, al norte de Dublín. Llegamos tarde, a las dos de la tarde o similar, comimos el tradicional fish&chips rodeados de gaviotas dispuestas a pelear a muerte por media patata… Y hasta que no acabamos no visitamos los acantilados.

Entre que tampoco teníamos muchas ganas de caminar, y que a mitad de camino nos pilló una niebla que cada vez se nos echaba más encima, nos volvimos. La verdad es que es un paseo que habría que volver a hacer, pero por la mañana. El problema es que en Irlanda el tiempo es muy impredecible… Pero sí que tuvimos buen tiempo, a pesar de la niebla: estuvo nublado pero no llovió, y tampoco apretaba el calor (aunque me volví a quemar, como en Bray).

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En la noche del sábado, Dublín me desencantó. Bueno, ni siquiera era de noche, serían las ocho de la tarde… Pero estaba todo cerrado, y ya en las afueras, que es donde me estoy quedando yo, ni te cuento. Ni un supermercado, ni una tienda abierta fuera del centro. Y en casa me habían dejado arroz con una especie de salsa curry asquerosa, con patatas fritas… ¿Qué les pasa a los irlandeses con las patatas? Uno pensaría que después de la epidemia por una mala cosecha que le costó la vida a media Irlanda, habrían aprendido a comer más… Pero no. Todo siempre va acompañado de patatas (¡hasta la pizza!), a menos que las patatas sean el plato principal.

La gente con la que trabajo dice que siempre los estudiantes españoles se quejan de lo mismo, y que ella no lo han vivido, lo de la patata a todas horas… Debe de ser un requisito obligatorio para acoger a españoles: comer patata al menos una vez al día.

Domingo

El domingo fue un domingo de pereza. Después del desencanto del sábado, sólo quería dormir. El plan era por la tarde ir a tomar las pintas a dos euros en el Dicey’s Garden, así que pasée por la mañana hasta el centro comercial de Blancharstown a comprar pasta, porque claro, como a mi host no le gusta pero las patatas sí, sólo nos alimentamos de patata. Y eso que está a dieta…Me compré mi paquete de pasta y mi salsa y me lo preparé tranquilamente. Y me lo comí. Y me supo a Nirvana.

Más tarde quedamos algunos en el Spire de Dublín y fuimos recogiendo gente de camino al Dicey’s, que es fucking gigantic y a las 19h empieza con el discotequeo metralla chungo del infierno… Pero: pintas a dos euros. Nada más que hablar.

Y… Así fue como acabó la semana. La próxima: ¡más y mejor!

2 thoughts on “life as a Dubliner II

  1. Disfruté mucho las descripciones de tu trabajo en la cocina. Me recordó a mis tiempos de decorar tortas ¿te acordás de la torta para la comunión de Ignacio, con la capilla que no fue, porque la pusieron en la heladera y se desmoronó? casi me pongo a llorar. Preparé una para tu comunión (y la de Federico), pero no tenía figuras con volumen, sino planas.
    ¡Vas a aprender mucho! ojalá algún día pueda probar una de tus tartas (o tortas, como les decimos aquí).

  2. Queridita nieta: Tu abuelo Julio César y yo, hemos disfrutado tanto del relato como de las fotografías. Me encanta que que con tus jóvenes años puedas conocer otros mundos y otras personas y acumular recuerdos que enriquecerán no sólo tu vida , sino las de los que te queremos. ¡ GRACIAS POR COMPARTIR ESAS BELLAS VIVENCIAS! ¡ Y mucha suerte en todo lo que emprendas!No me extraña que puedas hacer tan hermosas rosas, si ya podías hacerlas siendo apenas una niñita.Te enviamos un gran abrazo con todo nuestro amor. CHIQUI y JULIO CESAR

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