Me preguntan mucho (¡todas las semanas!) en el trabajo si echo de menos España y su clima, y mi respuesta siempre es: «no el de agosto». Lo que echo de menos del clima español es su estabilidad: es demasiado común en Irlanda tener que salir de casa con gafas de sol y paraguas, porque nunca se sabe qué puede acabar pasando en el cielo. El tiempo es muy cambiante, y el viento que se levanta de un segundo a otro, muy intenso (así que realmente el paraguas apenas sirve de mucho).

No, lo que echo de menos de España es mi gente, y comer comida de verdad. Y poder preparar todo tipo de postres sin tener que pelearme con los ingredientes ni lo hornos, que es lo que ha pasado esta semana.

Lunes

Pese a las peculiaridades de mi host y su madre, ellas son las únicas nativas angloparlantes con las que puedo hablar inglés. En el trabajo (como creo que ya he contado) solo se habla lituano y un inglés bastante mediocre, y según salgo y me junto con el resto de becarios, solo se habla en español. Así que ya desde el principio de la semana he pensado en apuntarme a los intercambios de idiomas propuestos por la monitora de las Eurobecas.

En el trabajo, parece que la bronca de la semana pasada se les ha pasado, y me ha tocado seguir preparando decoraciones a partir de moldes. Cada día se han terminado tres o cuatro tartas de boda (en total tiene que haber 22 listas para el fin de semana), incluidas algunas con decoraciones mías, como las flores que coronan esta tarta.

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Por la tarde me fui al centro comercial más grande de Dublín, Blancharstown Town Centre, que tengo al lado de mi casa. Me compré un par de zapatillas que me hacían falta, y cuando acabé a las seis de la tarde de conseguir lo que necesitaba, estaba todo cerrado. A las seis de la tarde. El centro comercial más grande. No entiendo.

Martes

Hay un modelo de tarta de boda que hacen en esta empresa que es con forma de jaula, y para ello necesitan palomas que decorar. Así que me ha tocado modelarlas a mí. Ha sido lo más interesante del día.

Las primeras (izquierda) me salieron con la cabeza muy grande, pero una vez corregido eso, ya quedaron a la altura de las expectativas de mi supervisora. Mi jefa dice que para este tipo de cosas es necesario talento, que no todo el mundo vale. Pero yo creo que es más una cuestión de habilidad, y la habilidad se puede adquirir. Talento es una palabra demasiado grande.

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Miércoles

Me ha tocado preparar las decoraciones para los llamados «cupcakes vintage». Cualquier que me conozca sabe que tengo grandes problemas con ese término. Vintage es todo aquello que tiene muchos años, pero no los suficientes para ser considerado una antigüedad. Así que no se pueden hacer cupcakes vintage, un cupcake vintage tendría unos 20 años, y estaría podrido. Lo que sí se pueden hacer son cupcakes retro. Pero el problema es que vintage parece que hace referencia específicamente a los años 50, y retro específicamente a los años 80. Pero no es así. Y lo peor de esto es que la gente no hace más que alimentar el mal uso de estos términos. Pasa en moda y en diseño, y ahora parece ser que también en repostería. ¿Tan difícil es hablar con propiedad?

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Por la tarde estuve en el bar del Trinity College (sí, en Madrid tenemos cafeterías, en Dublín las universidades tienen bares) jugando a las cartas y pasando el rato.

Jueves

Mis palomas finalmente se colocaron en las dos tartas de boda a las que iban destinadas. Tuve que hacer más de las necesarias, por si surgían errores, y eso es algo de lo que no me gusta del tema de la decoración, porque después todo acaba en la basura…

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El jueves he tenido poco trabajo, estuve preparando moldes, limpiando cacharos y preparando 160 cakepops… Y otros 25 que tienen que tener la forma de la cabeza de Mrs Piggy (Muppets). También, entre una cosa y otra, estuve preparando rosas en color marfil, las más clásicas, y de las que siempre hacen falta.

Según mi jefa, los cakepops son lo menos rentable como producto, por el tiempo que hay que dedicarles, y porque todos deben ser exactamente iguales… Además, al ser porciones pequeñas, el precio no puede ser muy alto… Al menos en este caso no necesitan hacer bizcochos, porque pueden reaprovechar el material, y eso al menos hace que no sean una ruina.

Por la tarde tuvimos nuestra reunión semanal, en la que, como siempre, hay dos horas de espera para dos minutos de charla.

Viernes

El día del viernes fue una pérdida de tiempo en el trabajo. Estuvieron particularmente nerviosos en el obrador, por el encargo de los cakepops… Mi jefa me mandaba ocuparme, cubría dos cake-pops con Candy Melts (una parodia al chocolate, con sabores y colores pintorescos) y enseguida me mandaba a hacer otra cosa, como si lo estuviese haciendo mal o algo. Al rato me volvía a mandar ponerme con los cake pops, y otra vez igual: a hacer otra cosa. Creo que estaba más molesta con los Candy Melts, porque le resultaba imposible hacer que quedasen suficientemente fluida la mezcla para poder cubrir bien los cakepops. Y… bueno, me mandaba a mí hacer tonterías y a ratos ocuparme y luego más tonterías.

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Estuvimos todo el día con los cake pops, mientras normalmente se hacen 3 o 4 tartas al día… Una locura. Las últimas dos horas se dedicaron a decorar los cakepops de Muppets, que por lo menos no eran más de 40…

Pedí salir antes el martes, por el cumpleaños de una compañera eurobecaria, y no me mandaron a la mierda de milagro. Quedó en que si quería salir antes tenía que ir antes. Y la verdad es que para estar trabajando siete horas al día gratis, podrían concederme media hora… Más cuando ya estuve una semana entera llegando media hora antes, hasta que averigüé bien a qué hora me convenía pillar los autobuses. En fin. Por este tipo de cosas dudé si valía la pena la beca: no soy partidaria de fomentar el trabajo precario. Pero oye: hay que agradecer que nos dejen trabajar gratis.

Por la noche cenamos pizza para pre-celebrar el cumpleaños de la Eurobecaria, y conseguí una cita para un intercambio lingüístico.

Sábado

Por la mañana fui a hacer la compra para preparar la tarta del martes, y he tenido que pelearme con la bendita buttercream. La buttercream es un tipo de leche (más kéfir que leche…) que venden aquí y que es grasa, grasa, grasa… y ácida. Y además es la que tiene el envase lleno de: ¡ideal para pastelería! Mentira cochina. Menudo desastre.

Aquí en ninguna pastelería he visto que vendieran productos con alguna crema que no fuera de mantequilla o nata (nata irlandesa, of course). No parece que se utilice ninguna otra. La crema de mantequilla en la empresa en la que trabajo lo entiendo: las tartas decoradas con fondant no pueden refrigerarse, porque el fondant se estropea. Así que tienen que llevar cremas que sean capaces de aguantar el calor, y qué mejor para conservar alimentos que la grasa y el azúcar… Pero madre mía, qué asco. Sí, sabe bien cuando está bien hecha, pero me resulta tan asquerosa la combinación…

Preparé un bizcocho Sacher. Fue toda una aventura, porque mi host tiene un horno que no indica la temperatura, así que he tenido que manejarme un poco al azar… Es terrible cocinar cuando no se conoce la maquinaria, y más con un horno cuya potencia se mide en una numeración del 1 al 9… Además, es un horno de llama, cosa que jamás había visto en Europa. En Buenos Aires era el que teníamos en casa (el otro eurobecario argentino me ha confirmado que él también tenía uno de llama en Mar de Plata), ¿pero en Europa? ¿Cuántos años tiene este horno?

El bizcocho quedó rico, pero se me ocurrió dejarlo emborrachado desde el principio, y al estar un poco crudo por cocerlo en un molde demasiado grande (tenía que abastecer a 30 personas), así que el lunes cuando lo retomé, me quedó inutilizado para hacer la tarta de cumpleaños. Así que al final todo lo que preparé el sábado no me sirvió como tenía planeado…

El plan original era tener dos capas de bizcocho con crema pastelera y trufa, pero el bizcocho quedó muy fino, por no disponer de utensilios adecuados. Al final ni siquiera pude optar por mi plan B, que era usar un único bizcocho con una fina capa de crema pastelera y una buena capa de trufa…

Domingo

Después del fiasco del día anterior en la cocina, el domingo fue un día de turismo. Contratamos un tour en autobús que nos llevó a Glendalough, Wiclow y Kilkenny… Supuestamente. El tour era para ver diferentes paisajes, y uno de los reclamos que utiliza es conocer la zona donde se grabaron «Braveheart» y «PS I love you». El paisaje de «PS…» es un puente, sobre el cual el autobús pasó lentamente… Y listo. Braveheart se grabó en los alrededores de Wicklow, y ahí ni siquiera paramos. Sí vimos desde el autobús la réplica de las letras de «Hollywood». Y, aunque el resto estuvo bien, lo mínimo es cumplir con lo que se oferta…

En Glengalough visitamos el lago. Fue una caminata de 3 km (entre la ida y la vuelta), y el paisaje lo valía.

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En Kilkenny visitamos primero la cueva, para la que hay que bajar unos cuantos escalones… Y peor aún: subirlos al salir. Los escalones eran tan estrechos y cortos que el esfuerzo que suponían subirlos era enorme.

En la cueva nos contaron diferentes historias relacionadas con ella, desde la masacre vikinga que se dió ahí, a las prácticas de brujería que realizaban los locales… Y para que nos hicieramos una idea de lo que es estar en una cueva, apagaron las luces durante unos minutos y permanecimos completamente a oscuras…

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Luego visitamos el pueblo (que como tiene DOS calles principales ya se auto-considera una ciudad). El plan allí es visitar el castillo, pero teniendo en frente el Design Center… Estuve de paseo por este centro, donde se pueden comprar productos artesanales seleccionados de diseñadores y artesanos irlandeses (en los que algún día invertiré cuando me sobre el dinero). Aproveché para visitar el restaurante y probar la lemon pie que ahí servían. Y aunque fueron increíblemente generosos con el merengue (cosa que me encanta), la crema de limón tampoco era gran cosa.

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Conseguí un libro de repostería / panadería tradicional casera irlandesa. Verlo fue suficiente para convencerme de que lo necesitaba, porque parece ser que es imposible probar la repostería y panadería tradicional irlandesa en una tienda: sólo se hace de manera casera. Las pastelerías tradicionales irlandesas no existen.

En otro orden de cosas, el domingo también me di cuenta de que los diferentes carteles de «Free Wifi» que hay por Dublín tienen personajes diferentes. He encontrado el vikingo, la rockability chick y el turista, pero sé que he visto más sin haberme fijado. Además, debajo del cartel (todos en pixel art) hay otro que explica el personaje.

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Lunes

El lunes 04 de agosto se incluye en esta semana porque en Dublín es festivo, así que técnicamente cuenta como parte del fin de semana anterior. Principalmente fue un día de quedarse en casa a arreglar el desastre en la cocina del sábado, intentando conseguir reaprovechar al máximo lo que había preparado.

Así que preparé otro bizcocho, uno ligero de cacao esta vez, y una trufa fresca para hacer una tarta… Que al final, siendo tan grande el molde y tan delicado el bizcocho, fue más fácil crear porciones individuales.

Por otro lado, tenía el bizcocho anterior, que quedó totalmente reblandecido por el jarabe que le eché, así que para más pastelitos fue complicado utilizarlo. Así que lo aplasté y separé en pequeños montones, y con una base de galleta, lo cubrí de chocolate. Y así hice un pastelito diferente, que sin duda en Madrid tengo que repetir. Sobre todo para conseguir alguna foto, porque no tengo ninguna decente…

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PD: Triunfaron.

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