Ya estamos a mitad de camino. Cinco semanas han pasado de las nueve que estaré en Dublín, así que ahora toca terminar de aprovechar al máximo cada momento, organizarme bien para ver todos los sitios que me quedan pendientes, etc. Esta semana, ha sido más corta: empieza en el martes porque el lunes fue festivo.

Martes

Planeé llegar antes al trabajo para poder salir antes, y así lo hice. Pero según llegué, me di cuenta: me había dejado el uniforme en casa. Qué buena forma de empezar el día. Me prestaron una chaquetilla, que es lo único por lo que se preocupan (todas llevan cualquier pantalón y zapatos, sin gorro), pero ya quedé mal delante del jefe.

Mi trabajo del martes fue uno solo: hacer 65 + 20 rosas medianas (de diferente color cada grupo), 5 rosas grandes y 35 rosas pequeñas. No conseguí terminarlas todas, pero al menos me dejaron salir antes y fui a recoger los pastelitos que había preparado.

65+20+5+35 rosas. Work in progress.
65+20+5+35 rosas. Work in progress.

Hay que ver lo que pesaban los pastelistos, y después de tenerlos en el bus muy cómodamente a mi lado, tuve que cargarlos durante 20 minutos hasta llegar al bar… Y ahí empezó lo bueno del día.

Estuvimos tranquilamente tomando unas pintas, cantando el cumpleaños feliz, comiendo tarta… ¡Y casi me hacen el feo de dejar unos trozos sin comer! Pero al final no sobró nada y a las 10 ya estábamos de camino a casa, que tocaba trabajar al día siguiente (y además ya nos íbamos a quedar sin autobuses…)

Miércoles

En cuanto terminé las rosas que me encargaron el día anterior… Hice más rosas. Esta vez tiñendo el fondant para que fuera de un color concreto que tenían de muestra impreso. Uno de esos colores ambiguos que están entre el azul y el verde, que según a quién le preguntes es más verde o más azul. Me llevó un rato conseguirlo, porque no domino muy bien el poder de coloración de los tintes que usan aquí…

Por la tarde conocí a Aileen, una de las estudiantes de la monitora de las Eurobecas. Nos tomamos un café y estuvimos charlando en inglés y en español. Me contó la historia del bodorrio monumental que le pagó a su hija, que siempre había soñado con tener una boda de cuento. También hablamos de la repostería tradicional irlandesa, y me volvió a confirmar que no existen tiendas tradicionales, que lo tradicional es que sea casero.

Jueves

Por fin tuve el jueves un descanso de las rosas, para hacer… Banderas. 50 de Brasil y 50 de EEUU, para coronar unos cupcakes. Como ya están todas las rosas que se necesitan para la semana, me han asignado esos cupcakes, preparar moldes, limpiar… Mientras, mi supervisora montaba una tarta en cascada con las rosas que le había dejado preparada. Y como solo lleva rosas, y solo lleva las que he hecho yo, virtualmente, la tarta es casi mía.

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Por la tarde tocaba reunión con la monitora, pero antes visité una de las miles de tiendas de souvenirs del centro, y encontré el escudo de mi apellido materno (Carroll), y sobre todo, descubrí el «motto» (lema) de la familia (muy a lo «Juego de Tronos»): «Strong both in faith and war». Le saqué una foto, me compré una bola de Navidad (de las de decorar el árbol) y un espejo de bolsillo de Guinness. Además, ya he visto qué recuerdos traer, así que ese tema ya lo tengo casi zanjado.

La reunión fue sorprendentemente rápida, sobre todo teniendo en cuenta que había que rellenar una encuesta para la Fundación Caja Madrid (que ahora está haciéndose un lavado de cara y ya no se llama así). Así pudimos aprovechar la tarde soleada en el parque del Trinity College.

Viernes

Después de una jornada de pulir detalles y ayudar preparando decoraciones, mientras que las demás decoradoras terminaban diferentes tartas, fui al centro, a imprimir los billetes del autobús y a ver si me encontraba con algún compañero para pasar el rato. Al final quedé con mi vecino becario en la Disney Store y estuvimos paseando por el centro, visitando las tiendas de souvenirs donde al final me compré el escudo de mi apellido (del que tengo que conseguir ya mínimo 5 copias para mi madre y hermanos).

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Fue un día tranquilo porque al día siguiente salíamos para Belfast, así que el plan era simplemente pasar un poco el rato, charlar y recogerse temprano. Al llegar a casa tuve que poner una lavadora, para poder tener ropa disponible a la vuelta, y recoger todo la mañana siguiente para poder tener sábanas y toallas limpias.

Sábado

Salimos a las 8h30 de Dublín hacia Belfast, y en el viaje casi todo el mundo se quedó dormido (y no me extraña, con lo cómodos que eran los asientos…). Llegamos a Belfast sobre las 11h y nos fuimos directamente al hostal, para ubicarlo y dejar nuestras cosas, y así no tener que cargarlas por toda la ciudad.

Unos compañeros habían visto que había un free tour por la ciudad, así que pasamos por la oficina de turismo a averiguar en qué consistía y a qué horas era, pero finalmente el tour solo era por el City Hall. Por entonces ya un grupo se había separado para ir a ver el museo del Titanic, y el resto estábamos intentando organizarnos para decidir qué visitar.

Unos optaron por hacer turismo en los autobuses de subir y bajar infinitas veces, pero yo estuve en el grupo que contrató un Black Cab. Más concretamente me tocó contratarlo a mí porque las demás o tenían vergüenza o no se fiaban de su nivel de inglés (y del acento de los locales). El Black Cab consiste en un tour sobre la situación política y social de Belfast, con un conductor que te va llevando por los diferentes murales, explicándote su significado y valor social, tanto de un lado del «muro de la paz» como del otro.  También vi en un centro comercial un estegosaurio. Pero vamos por partes.

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Una vez divididos, mi grupo almorzó y decidió visitar el City Hall. Lo mejor de ese lugar es la arquitectura. Es un edificio enorme y precioso, que sin duda vale la pena ver por dentro. El tour duró una hora, así que entre la salida del City Hall y la llegada al hostal donde nos recogería el Black Cab visitamos la cúpula del centro comercial de la plaza Victoria, desde la que hay una vista de 360º de todo Belfast.

A las 16h estabamos en el hostal y comenzó el Black Cab tour. Empezamos visitando la zona protestante, fácilmente reconocible porque está plagada de banderas de Reino Unido. Allí, los murales hacen honor a diferentes mártires y personajes históricos ligados al movimiento leal a la corona inglesa. Durante los últimos años muchos murales han sido cambiados por otros con mensajes más positivos, coincidiendo con este periodo de «paz».

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Según nos contaba nuestro guía, Belfast es la tercera ciudad más segura de Reino Unido. Es posible que sea cierto, pero desde luego más que una ciudad en paz es una ciudad en tregua, en la que parece que el mínimo incidente sería capaz de provocar una guerra civil. La tensión con la que se vive en Belfast es muy real.

Entre la zona protestante y la católica está el llamado «Muro de la Paz». En sus varios kilómetros está lleno de murales, y tiene puertas automáticas que cierran a diferentes horas el paso entre las dos zonas. Entre los muros, queda tierra de nadie, en la que por cierto casi se quedan atrapadas varias compañeras becarias…

Del lado católico, varias casas se encontraban pegadas al muro, y tenían una jaula por jardín, para protegerse de las piedras que pudieran caer del otro lado. Los que de un lado eran mártires allí son asesinos, y los murales son mucho más cambiantes, y su temática es diferente: la opresión de los pueblos, ya sea irlandés, palestino, vasco o catalán.

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Después del tour, seguimos dando vueltas por la zona de los murales, hasta que finalmente decidimos volver al centro. De camino nos encontramos con el comando Titanic y fuimos a buscar un lugar para cenar. ¿Pasadas las 6 de la tarde? Imposible. Belfast es la ciudad perfecta para grabar una película post apocalíptica. No había nadie en la calle. No había ninguna tienda abierta. Todo estaba completamente desolado.

Finalmente un centro comercial sí que permanecía abierto, así que ahí nos instalamos en un Pizza Hut a cenar y a descansar. La camarera no estaba teniendo un buen día, porque se confundió con las pizzas, tiró las bebidas encima de ellas… En fin.

Dimos un último paseo por el puerto de noche, y finalmente volvimos al hostal para descansar ya y dar por concluido el día.

Domingo

El domingo fue el día del tour de Juego de Tronos. Era una de las salidas que más ilusión hacía a la mayoría, y eso contribuyó a que fuera decepcionante. Eso y que estaba muy mal organizado.

Pasamos en primer lugar por la zona en la que se filma «El Muro», y por alguna razón que no entiendo muy bien, esa no era una parada del tour, había que verlo desde la ventana llena de gotas de agua (porque claro, tocó que lloviera todo el día). También pasamos por un castillo que correspondía a alguno de la serie, pero no formaba parte de las paradas así que pasamos de largo.

La primera parada era una pradera del episodio piloto. Las vistas son increíbles, y ahí tuvo lugar una escena de la serie, pero tampoco es un escenario que se puede reconocer. La segunda parada fueron las cuevas de Cushendun, en las que ya salimos a dar un paseo para recorrerlas. Lo increíble de Irlanda son sus paisajes, así que fue un privilegio poder visitar lugares tan bonitos.

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En tercer lugar visitamos un puente que en la serie forma parte del escenario de Storm’s End. Cruzar el puente cuesta 5 libras, así que poca gente se apuntó a eso. Sí que recorrimos los alrededores y pudimos ver los paisajes, pero según nos contó una becaria a la que le regalaron la entrada, cruzar costaba 5 libras, pero no las valía.

Visitamos un puerto que se corresponde con The Iron Islands, pero sobre todo lo espectacular es lo que vino después: la Calzada de los Gigantes. No tenía nada que ver con Juego de Tronos, pero es una visita obligatoria para todos los tours que recorren los alrededores de Belfast. Y sin duda es lo más espectacular de todo. Fue donde más tiempo pasamos y lo que yo más disfruté.

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Entonces ya había dejado de llover, pero todo estaba mojado y yo estaba chorreando agua por todos lados. No pillé una hipotermia de milagro.

La última parada, y la que más nerviosos nos puso porque ya estabamos retrasándonos muchísimo (nuestro bus salía a las 7h30 del centro y se suponía que el tour acababa a las 6h30 y ya eran las 6h30…) fue el «bosque» The Dark Hedges. Era muy bonito, pero las prisas y los nervios no nos dejaron disfrutarlo…

Con todo esto al final sí que llegamos a tiempo para coger nuestro autobús (a las 7h15…) y ya volvimos a Dublín, muy cansados pero, al menos yo, contenta de conocer Belfast, por muy mal rollo que dé la ciudad.

Actualización: El domingo también salí en la tele, en el programa «En Movimiento» de La2. Lo podéis ver aquí.

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