Esta semana no tiene mucho sentido dividirla por días. Ha habido un poco de todo, pero tampoco cuestiones específicas ligadas a días concretos. Salvo el martes. El martes ha sido el día de modelar penes.

En Creative Cakes

Esta semana ha tocado principalmente preparar Baby Showers y Christening cakes, es decir: fiestas para las futuras o nuevas madres y bautismos. También había tartas de boda, pero no requerían decoraciones a preparar con antelación, aparte por alguna que otra rosa.

Así que el lunes lo dediqué a preparar decoraciones para tartas cuya temática eran los bebés, y los últimos días se la semana tuve la oportunidad de colocar las diferentes decoraciones sobre las correspondientes tartas.

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El lunes solo tenía decoraciones sacadas de molde o los cubos para poner las letras que no suponen ningún desafío, pero como vino un compañero eurobecario a sacarme fotos, hice la rosa que se ve en esta foto para poder salir haciendo alguna cosa interesante.

Lo de sacarme fotos viene porque uno de los proyectos «voluntarios» de la Fundación es que un compañero fotógrafo, de forma «voluntaria» (pero asignada, a cada uno nos tocó uno de los fotógrafos becarios y ningún otro) nos saque una foto para publicarla en la web de las becas, junto a alguna frase o no sé qué cosa que explique nuestra experiencia. Todavía no me ha enviado las fotos, pero cuando las tenga las enseñaré, espero que sea un cirujano plástico del Photoshop para que salga bien…

Como las fotos podían sacarse en cualquier lugar, con el permiso de la empresa se acercó  a Creative Cakes y allí me las sacó, primero en el showroom y luego haciendo una rosa en el obrador. Pero eso ya se verá mejor cuando tenga las fotos.

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Por otro lado, esta semana, la lituana que no habla inglés estuvo preparando unas tartas bastante espectaculares, como un carrousel o una tarta con un dragón de fondant modelado, basada en «Como Entrenar a tu Dragón». Con ésta última se notaba que no había visto la película, porque, si bien era muy espectacular, la cara del dragón no era tan plana como debería haber sido, y en la película, le falta una parte de la cola (que es en torno a lo que gira absolutamente toda la película), y esto no se reflejaba. A ver, son detalles que sólo conoces si has visto la película, pero entiendo que a quien le van a dar esa tarta sí que la ha visto, y sí se daría cuenta…

Por otro lado, mi trabajo más emblemático durante la semana lo he tenido el martes, que fue cuando me tocó modelar 30 penes. Y para no herir la sensibilidad de nadie, dejo la imagen enlazada en lugar de publicarla, porque nunca se sabe. El caso es que el lunes por la tarde aparece mi jefe y me deja sobre la mesa un trabajo especial para mí, en un papel plegado. Y al abrirlo se ve una foto con una caja de cupcakes coronados con penes, con el subtítulo escrito por él: «26 cupcakes». El martes ya se subió la apuesta y pasaron a ser 30, específicamente de colores y tamaños diferentes. Yo investigué el lunes por la noche googleando ‘penes de fondant’ y he visto cosas bastante perturbantes, pero al menos me ha ayudado a poder hacerlos y que se quedaran contentos (la cliente estaba encantada). Lo de los penes ha sido tema recurrente de conversación, en el trabajo, con mi host y con el resto de los eurobecarios. Todos se morían de la risa.

Volviendo a temas de trabajo más normales, como ya dije antes me tocó decorar las tartas infantiles, que salvo por el trabajo de escritura a mano, la cobertura inicial de fondant y los muñecos que coronan la tarta, ha sido todo trabajo mío.

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Me hubiese gustado haber hecho el conejo y el osito, pero me tocó hacer trabajo de inventario porque ya no había decoraciones pendientes el viernes, y cuando acabé ayudé preparando la tarta para que mi supervisora las terminara. Parece una tontería, pero por el sencillo hecho de pegar las decoraciones con glasa y tener que usar una manga pastelera, ya me dio mucha más satisfacción que cualquier otra cosa.

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El trabajo de inventario consistió en localizar qué decoraciones ya estaban hechas, aglomerar todas las rosas juntas y empezar a separar decoraciones para la semana que viene, teniendo en cuenta de que si una tarta necesita 10 rosas hay que tener 15 disponibles, pero como ya hay por lo menos 30 de ese mismo color preparadas, se pueden utilizar esas.

Y así concluyó mi semana de trabajo, en la que el niño de la pareja de jefes estaba dando vueltas por la empresa, por lo que la calidad de la comida subió considerablemente y no se limitó a todos los días la misma ensalada…

De fiesta por Dublín

Decidimos que el viernes saldríamos toda la noche… Pero eso en Dublín no existe. No se puede salir toda la noche, porque a las 3 de la madrugada, la ciudad muere por completo, todo cierra y no queda absolutamente nada que hacer, en ningún sitio. Bueno, en el McDonald’s del centro se puede estar, ya que abre toda la noche… Y ese fue nuestro plan, esperando a que empezaran los primeros buses y trenes (el mío a las 6h15).

Algo que sí tiene genial Dublín es que muchos de los bares tienen música en directo, todos (o casi). Y si no hay música en los bares, hay música en la calle, ya que está lleno de artístas callejeros tocando, durante todo el día y toda la noche.

Pero al final después de pasar por varios bares de música, acabamos en una discoteca, Mercantile. Porque no es suficiente que sólo nos relacionemos con españoles y que sólo hablemos español, sino que además sólo podemos bailar música en español. Qué horror de música y de todo, pero bueno, al final era mejor estar dentro «bailando» que fuera pasando frío. Pero a mí, esto de estar todo el día de pie, me mata.

Paseos y salidas culturales

El sábado llegué a casa de madrugada, así que el plan de salir no tuvo lugar hasta por la tarde. Fue un poco improvisado y, sobre todo, muy accidentado. Me apunté al plan de dos compañeras eurobecarias que se pasean por el monte como quien va por su casa. Ya sabeís como va el proverbio: «Fool me once: shame on you. Fool me twice: shame on me», así que no me volverán a engañar…

El plan se orquestró tarde y por eso empezó tarde: queríamos visitar los famosos molinos y el castillo de Skerries. Pero como bien sabéis, en Irlanda a partir de las cuatro de la tarde todo empieza a desalojarse, así que cuando llegamos a Skerries sobre esa hora, ya no se podían visitar los molinos, y del castillo nos comentaron que su acceso a pie es bastante complicado, ya que está a cuatro kilómetros por carretera, pero que se puede coger un bus. Sí, un bus que pasa cada hora… Y como tardaríamos lo mismo en ir andando que en ir en bus, nos aventuramos.

¿Qué pasó? Que en lugar de seguir las indicaciones de Google Maps, vimos un cartel indicativo de cómo llegar al castillo y fuimos en esa dirección. Resulta que la entrada al castillo para peatones estaba pocos metros más adelante, mientras que ese camino era para coches. No solo el camino no era agradable, sino que estaba en pendiente y añadió un kilómetro y medio a la caminata. Cuando por fin nos estábamos acercando al castillo, se nos ocurrió ver los horarios de vuelta de los autobuses, para poder calcular a qué hora estar en la parada y así no esperar demasiado. Resulta que los autobuses que pasan por ahí no solo tienen una frecuencia de una hora, sino que a las seis de la tarde pasa el último. Entonces eran ya más de las cinco… Sin embargo había otro autobús que nos podía dejar en Balbriggan en lugar de Skerries (el pueblo siguiente).

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Paseamos por los alrededores del castillo, que la verdad es que eran enormes, y con un jardín lleno de rosas de colores vivos y diferentes. No teníamos mucho tiempo, así que emprendimos la vuelta y … ¡Sorpresa! El autobús no pasaba. Se suponía que a las 19h estaría ahí, pero luego en la App de Dublin Bus empezó a marcar que tardaría 20 minutos… Durante 20 minutos. A las 19h40 el autobús iba a pasar en 5 minutos… Y de repente, desaparece de la App. Ya no hay ninguna referencia a ese autobús, solo al siguiente: en una hora. Ese fue un punto de inflexión: podíamos esperar cinco minutos a ver si finalmente el autobús pasaba o no, o ir caminando directamente los 3,5 km que nos separaban de Balbriggan. ¿El problema? Esperar al autobús no era una opción: si no pasaba perderíamos seguro el tren que nos dejaba en el centro y tendríamos que esperar hasta las 10 pm para subir en otro tren. Resumiendo: el transporte público de Dublín es una mierda.

Empezamos a anda y… ¡Nueva sorpresa! El autobús sí pasó, y se fue delante de nuestras narices, así que, resumiendo, caminamos 9 km el sábado. Por carretera, además, de esas llenas de piedritas que se te clavan en los pies… Pero al final conseguimos llegar a nuestro tren y a nuestras casas. Pero lo dicho: «fool me once…»

El domingo habíamos quedado a las 12 con nuestra monitora para ir de excursión. Así que a las 11 ya estaba por el centro recorriendo los puntos turísticos que hacen honor a Oscar Wilde, que son, básicamente, dos placas en unas fachadas y una escultura en Merrion Square.

A las 12 salimos de la estación Pearse a Sandycoves, a visitar la torre Martello, donde empieza una novela irlandesa contemporánea llamada Ulysses, de James Joyce. La torre en sí es pequeñísima y es muy bonita, pero sobre todo es una experiencia subir las escaleras tan minúsculas que tiene y ver Sandycoves la parte de arriba, donde el viento que sopla ahora que ya es otoño es increíble.

Por la tarde, como estaba lloviendo y porque las salidas que organiza la monitora no dan para más, volvimos al centro para ver uno de los Museos Nacionales. Concretamente, el de animales embalsamados.

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Esperaba que fuera mucho más desagradable de lo que era, y la verdad es que me gustó porque se podían ver animales de muchas épocas diferentes. Pasamos a la salida por el bar más pequeño de Dublín, y… poco más.

Lo que queda

El próximo fin de semana estaré visitando Galway, y ya apenas me quedan días para ver sitios de Dublín. Como acabo de trabajar a las 17h, no puedo estar nunca en el centro antes de las 18h, y las cosas aquí empiezan ya a cerrar a las 16h30… Así que durante la semana la verdad es que no puedo hacer turisteo.

Estoy ya organizando mis próximos fines de semana, en los que tengo que visitar varias iglesias (con misas cantadas), museos, la Guinness Store House, el jardín botánico y algún que otro lugar cultural.

Tengo que aprovechar todo el tiempo que me queda, para ver todo lo que pueda pero también descansar al máximo, porque nada más volver ya tendré que empezar de nuevo las clases…

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