La séptima semana fue la semana que menos me apetecía. Tan pocas ganas tenía de esta semana que no tenía ningunas ganas de escribir sobre ella… Pero hagamos un repaso general, aunque se resumen en: rosas, Guinness e irlandeses intentando timarnos.

Creative Cakes

Mi semana consistió básicamente en hacer rosas o bien buscar rosas similares entre la colección de rosas que tienen en la empresa. Como siempre tienen becarios diferentes, al final tienen muchas rosas que se nota han sido hechas por manos distintas, y en una misma tarta lo ideal es que todas las rosas se parezcan. Así que si hacían falta diez rosas de color marfil (la colección más grande) para una tarta, mi trabajo consistió en buscar diez rosas iguales.

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Para las tartas que necesitaban rosas de colores particulares, tuve que prepararlas, y si encima las combinaban con rosas de color marfil, también tuve que hacerlas para que coincidieran en estilo.

Mientras que el resto de las semanas tocaba hacer una o dos tartas de «Frozen», ahora parece que está de moda «Cómo Entrenar a tu Dragón», ya que en estas tres últimas semanas (incluyenda ésta en la que escribo) ha tocado hacer exactamente la misma tarta (incluso más de una). Yo no he tenido nada que ver, pero el nivel de detalle me resulta espectacular.

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>Por lo demás, también tuve que preparar diferentes decoraciones que ir colocando a diferentes tartas. La más curiosa de todas, en la que además estuve colocando las decoraciones, fue una tarta e boda que imita un encaje. La peculiaridad es que el novio es un geek, así que como guiño a él (porque él también es el que se casa, a veces parece que la gente se olvida que para una boda hacen falta dos personas) se incluyeron logotipos de superhéroes.

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En esta foto se pueden ver el logo de Superman, Batman, X-Men, Capitán América, The Punisher y Flash. Además, soy muy fan del doble moño que lleva la tarta.

Queen of Tarts

El miércoles estuve con la monitora de las Eurobecas y tres compañeras en la pastelería Queen of Tarts, en Temple Bar. Según la monitora, allí hacen la mejor tarta de zanahoria de Dublín, y la verdad es que el sitio es muy bonito, y de las pocas pastelerías que se encuentran por Dublín, tiene un estilo muy francés. Pero por alguna razón ya no hay nada que me entre por lo ojos (al menos no en Irlanda), ni cuando voy a un supermercado ni cuando me planto en el mostrador de una cafetería. A ver, los merengues y los lemon pies siempre se me antojan, pero nada más.

El merengue de Queen of Tarts estaba rico y su chocolate también. No sé si es la mejor Carrot Cake de Dublín la que hacen ahí, porque la verdad es que no es una tarta que me guste, pero fue agradable estar ahí.

Guinness Store House

El jueves conseguí engañar a mi vecino eurobecario para que me acompañara a la Guinness Store House, que es algo que todo el mundo me ha recomendado. La visita fue genial, me puse mi propia pinta (y me bebí la de mi compañero porque no le gusta), y vi la mítica caja fuerte de las levaduras de la que siempre me ha hablado Álvaro (así que qué menos que hacerme una foto con ella para demostrar que estuve ahí).

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Me quedé sin encontrar el anuncio de Guinness que tanto llevo buscando, pero me lo pasé muy bien visitando el museo, y sí me compré un souvenir de la Lady Drinking Guinness.

Galway

El fin de semana lo que tocó fue visitar Galway, con un tour de dos días, en el que se incluía el bus de ida y vuelta a Galway, el alojamiento y dos tours (uno para cada día) en autobús por los acantilados de Moher y Connemara. Voy a empezar diciendo que la verdad es que me lo pasé muy bien. Y sí, se acerca un «pero» enorme. Vamos por partes.

Ya tuvimos un pequeño problema a la hora de subir al bus en Dublín para ir a Galway, porque no tenían en cuenta de que había 11 personas que habían reservado el tour (con una compañía, y el billete a Galway era con otra), pero gracias a nuestra compañera líder que es muy diplomática y habla muy bien inglés, conseguimos subirnos en el autobús y todo salió bien.

Al salir del bus en Galway, tocó un tour en autobús a los acantilados de Moher. También hicimos varias paradas y vimos un cementerio y otras cosas que no recuerdo muy bien, y fue un tour interesante, nos contaron un montón de cosas (aunque a veces estaba tan cansada que entendía lo que estaban diciendo pero no procesaba nada) y vimos los acantilados que era la principal atracción del día.

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El gran problema del sábado surgió al finalizar el tour. Nos habían comentado que nos quedaríamos en un hostel céntrico (corroborado a principio de la semana vía e-mail), pero al inicio del tour nos dijeron que no, que al final iríamos a un Bed & Breakfast, un poco más lejos del centro pero que estaba mucho mejor (según el conductor del autobús). Al terminar el tour, el conductor no solo no tenía ni idea de dónde era este dichoso  Bed & Breakfast, sino que acabó siendo un par de habitaciones que tenía una mujer en su casa (a unos 20 minutos andando del centro) con colchones en el suelo y baños dentro de las propias habitaciones (como un armario empotrado). Aquí es donde volvió a entrar nuestra líder eurobecaria a preguntar qué estaba pasando, hablando con la agencia y consiguiendo resolver el problema y que nos vinieran a recoger a la casa de la mujer para llevarnos al hostal, que «¡uy, justo! Qué suerte» tenía ahora camas para todos.

La excusa de la mujer del hostel (que además era muy coleguita de esta mujer que nos quería meter a 11 personas en el suelo de su casa) es que había un grupo muy grande que había reservado hacía meses y que al final habían venido menos, así que justo tenía las camas disponibles (aunque ya nos lo había dicho unos tres días antes). Y no dejó de decir que bueno, que ya está todo bien, que ya estamos en el hostal, ya tenemos camas, que ya todo está bien, todo bien, todo perfecto (leer entre línas: no os quejéis ya más ****).

Ya tomamos posición en el hostal y fuimos a cenar por Galway, pasamos por una iglesia medieval y por el Arco Español. Cenamos pizza y acabamos en una discoteca llena de despedidas de soltera. Parece ser que Galway es la ciudad de fiesta de Irlanda, y la verdad es que se veía menos muerta que el resto de zonas que he visitado (sobre todo, lleno de despedidas, por todos lados, de hombres y de mujeres, más recatadas y más desfasadas…)

Dormir en el hostal fue genial, salvo por la parte del tío que entraba borracho en la habitación a las tantas de la mañana, encendiendo la luz, comiendo patatas fritas de bolsa (de estas que hacen todo el ruido del mundo) y diciendo sandeces. Pero estoy convencida de que fue mejor que la casa esa donde nos quería meter.

Desayunamos todo y más que pudimos, incluso Chocolate Biscuit que había traído yo de la oficina (una tarta fría de chocolate y galletas que tengo muchas ganas de hacer en Madrid cuando vuelva) y nos recogieron para el segundo tour.

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El segundo tour estuvo bien, vimos zonas muy bonitas, pero la atracción principal del tour costaba 8 euros más. ¿Perdón? No entiendo esto de no incluir estos precios en el billete del tour. El sábado nos gastamos 1,5 euros en los Cliffs de Moher, bueno, vale, pero podría haber costado 10 euros más el tour y así habernos ahorrado la tontería de estar sacando dinero, y de encima que cobren más cuando ya has pagado por un tour. Eso fue en Kilemore Abbey. Ahí aprovechamos para comer y tomar un café luego (fueron dos horas de parada) y ya a la salida paramos en un pueblo que vive del cuento de que allí se rodó una película, «The Quiet Man». Lo mejor de ese pueblo es que hay una señal para avisar del cruce de patitos en familia.

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Ya emprendimos la vuelta a Dublín, donde nos recibió la ciudad con un diluvio. Y ahí se acabó  la semana, aunque para zanjarla por competo, me queda hacer una crítica muy negativa a lo del tour, por el timo que intentaron colarnos. Y se la haré en tres idiomas, ya que puedo

Ya solo quedan dos semanas más, dos publicaciones más en el blog sobre esta aventura. ¡A ver cómo acaba todo…!

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