Después de la terrible séptima semana, ha llegado la octava. Y me gustan los números redonditos, así que esta semana ha ido muchísimo mejor.

Creative Cakes

Tuve que insistir menos de lo que esperaba para conseguir el certificado de las prácticas, teniendo en cuenta que la semana pasada cada vez que salía el tema me daban largas. Esta semana a la primera mención lo conseguí. Pedí una carta de recomendación también, pero eso sí que mejor lo espero bien sentadita… O tumbada, durmiendo una siesta o hibernando.

Durante la semana me ha tocado hacer pequeñas decoraciones como todas las semanas, organizar las rosas que faltaran por hacer y… pelar zanahorias. Una tarde entera tuve que dedicarla a las zanahorias, a pelarlas y rallarlas para poder dejarlas listas para preparar la Carrot Cake. Porque no había que preparar un poco de tarta, sino 20 kg a repartir en diferentes moldes. Por suerte el viernes ya había acabado todos mis quehaceres y me pusieron a preparar la propia Carrot Cake, a mezclar los ingredientes y a controlar la cocción. ¡Por fin! Llevo todo el verano apenas cocinando nada, así que la verdad es que fue un buen respiro poder ocuparme de ello.

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Por otro lado, entre las tartas curiosas de esta semana estaba ésta con una Barbie dentro. Creo que sería mejor tener solo el torso de una muñeca y colocarlo y quitarlo de la tarta, es decir, tenerlo de forma casera para cumpleaños caseros, no para regalar una barbie por tarta sin ropa.

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Incluso ya que estábamos podría haber sido la muñeca entera de fondant, porque solo se le ve el torso, y tener un vestido de cola gigantesco… Ahí lo voy dejando.

De despedidas

Dos eurobecarios se fueron esta semana, por diferentes obligaciones. El primero fue mi eurovecino, para el que celebramos una cena el miércoles en el Epicurean Food Hall, que consiste en varias tiendas de comida que rodean una sala en la que sentarse a comer. Como en los centros comerciales, pero las mesas son de uso común para todos los restaurantes. Había comida china, griega, italiana y española entre otros.

Tampoco era un sitio especialmente interesante, y es que encima cerraban a las 20h, por lo que quedamos para cenar a las 18h… Terrible. Es demasiado pronto para una cena. No existe justificación alguna para cenar antes de las 20h.

Para el otro eurobecario, nos despedimos con unas cervezas el domingo en Dicey’s Garden. Normalmente nos vemos los jueves todos porque tenemos nuestras reuniones semanales con la monitora, pero esta vez, por suerte, nos vimos el miércoles: el jueves la reunión fue en la calle. Es decir, la monitora nos hizo rellenar una encuesta sobre qué nos parecía la beca estando de pie en la calle, con toda su calma. Así que visto el panorama, la gente se fue retirando el jueves según rellenaba la encuesta, y apenas coincidimos entre nosotros.

Paseos por Dublín

El sábado quedé con mi vecina eurobecaria para dar un paseo por Dublín, ver los mercadillos que hay todos los sábados en Temple Bar y visitar por la tarde el Jardín Botánico y el cementerio de Glasnevin.

Recorriendo Temple Bar para encontrar los diferentes mercadillos (de libros, de artesanías y de comida) tuvimos que ir esquivando a oleadas de estadounidenses fans del fútbol americano (en especial de PSU Penns State University) que habían decidido tomar Temple Bar como su punto de referencia en Dublín. Y es que para inaugurar las nuevas temporadas de deportes gaélicos, en Croke Park celebran encuentros ‘clásicos’ de diferentes deportes, y esta vez tocó el fútbol americano, con un partido entre PSU y UCF (University of Central Florida). Y como no era suficiente asentarse como base en los bares de Temple Bar, PSU había traído a su banda y grupos de cheerleaders, con quienes nos encontramos entre paseo y paseo. Y yo que creía que las películas estadounidenses eran exageradas… Pues no.

El mejor mercadillo de todos fue el de comida (el de libros no estaba porque los estadounidenses tenían ocupada la plaza, pero fui el domingo), donde vendían productos traídos directamente de granjas y también panes de diferentes tipos, como los que hacemos en el instituto (tengo pendiente comprarme uno el próximo sábado), pero sobre todo vendían unos bocadillos con carne de verdad y un huevo frito de verdad encima, que nos supo a gloria y a más todavía.

Después de la panzada de disfrutar con comida de verdad, fuimos al cementerio, pero sobre todo paseamos por el jardín botánico, que además de enorme, es precioso.

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Es fácil perderse por los jardines, y es genial hacerlo.

El domingo nadie se apuntó a mi plan, que consistía en ir a misa. Quería ver las catedrales de Dublín, y la mejor forma de hacerlo (gratis) es yendo a misa, y entre las mejores misas, están las cantadas. Así que fui por la mañana a la Choral Eucarist de St Patrick’s Cathedral, y por la tarde estuve en Choral Evensong de Christ Church Cathedral.

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Entre las dos, la mejor fue la misa de Christ Church, ya que las canciones estaban en inglés, mientras que en St Patrick eran en latín. Además, en ambas catedrales te reparten folletos con la letra de las canciones y el orden de los diferentes eventos (sermón, oración…), indicando además cuándo hay que ponerse de pie y cuándo hay que estar sentado (o de rodillas si quieres rezar). En el folleto de Christ Church todo el pasaje de la Biblia que se leyó estaba impreso, mientras que el sermón y los pasajes que se leyeron en St Patrick no, así que había que fiarse del buen oído y del acento del cura.

La sensación de estar en una iglesia y de estar en una misa es completamente diferente. Incluso para alguien no practicante ni creyente como yo. Se nota la fuerza del colectivo, el misticismo y lo sagrado. Es una sensación muy particular, y más cuando vas solo, cuando prestas atención a lo que se está diciendo y tratas de entenderlo. He estado en misas en los últimos años con motivo de bodas religiosas, comuniones o bautismos, pero esto es muy diferente.

Así que después del paseo espiritual, me fui a tomar una cervezas. Al Dicey’s Garden, como contaba ya antes, para despedir a uno de los eurobecarios que se fueron temprano. Y así concluyó la penúltima semana, con cervezas y buena compañía (y con un eurobecario tirándome una pinta de cerveza encima del pantalón recién estrenado…).

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