La última semana en Dublín a ratos fue corta, pero cuando fue larga fue eterna. Me han sobrado días al principio, tal vez me faltara alguno más al final. Pero ya estoy en casa, donde me esperaba mi familia, 280 e-mails que leer (de los cuales 278 eran spam) y 3584 comentarios pedientes en mi blog de repostería (todos spam, of course).

Lunes

Poca cosa hice el lunes en el trabajo. Algunas decoraciones, ordenar rosas y ayudar con el inventario. Lo mejor fue hacer crepes para comer, me permitió evadirme un poco y quitarme el mono de cocinar que llevo teniendo todo el verano. Por lo demás, fue un día de poco trabajo, cortando muestras de bizcocho para la feria de bodas del fin de semana, en concreto la carrot cake que preparé el viernes anterior. Las muestras las he ido colocando en unas latas de metal para transportarlas y almacenarlas más fácilmente, pero las que encontraron mis jefes y les gustaron en forma y tamaño son para comida de perro, con un dibujo y todo al respecto. Así que tendrás que ponerles pegatinas o algo para que no quede mal ofrecer el producto que dentro almacenan…

Martes

Me sobró totalmente. Si  me hubiesen dicho que había un cambio de planes y que me tenía que volver enseguida, lo habría hecho.

Como en la empresa no querían concederme ni diez minutos libres, me tuvieron como una idiota durante dos horas sin nada que hacer. Dando vueltas, limpiando lo que ya estaba limpio… Entiendo que no le guste a alguien dar horas gratis a un empleado, que si te vas antes esa hora no la cobres, pero trabajando gratis, en la última semana, y sin nada que hacer… ¿Exactamente para qué me hicieron quedarme?

Por la tarde decidí quedarme en casa para cenar con mi host family, pero se fueron y me dejaron la cena, así que podría haberme ido y haber estado con los eurobecarios tomando una cerveza para hacer más ameno el día, pero no.

Miércoles

Empecé a sentirme mal, como con un brote de alergia (a Irlanda, seguro), que sumado al disgusto en el trabajo el día anterior, no me dio ningunas ganas de trabajar. Pero cumplí, cortando diez planchas de chocolate biscuit y almacenándolas en las latas de comida para perros.

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Por la tarde, me escribió Nacho, que iba a pasar por Dublín para una entrevista, así que no dudé en ver una cara amiga y pasar un rato tranquilo. Mejoró mi semana en un 200%.

Mientras esperaba por el centro hasta que él estuviese listo e instalado en su hotel, estuve en Trinity con unas pocas eurobecarias, sobre todo hablando de lo que nos sobraba la semana…

Jueves

Mi trabajo de la semana fue hacer muestras de bizcocho, así que el jueves corté otras tres planchas de chocolate biscuit, más carrot cake y me puse también con red velvet y strawberry madeira. Mientras, las decoradoras se ocupaban de terminar los pocos encargos de la semana

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El día pasó más o menos rápido, y por la tarde, en lugar de las reuniones semanales (que concluyeron la semana anterior) me quedé en casa con mi host y una adolescente alemana que se está alojando en la casa de su madre, y que estará hasta mayo. Entre las tres nos quedamos de cháchara hasta tarde (entiéndase el ‘tarde’ irlandés: 21h30) y la verdad es que fue un rato agradable. Además, la alemana es un poquito peculiar, por eso de ser vegetariana pero no comer verduras, y le proporciona más de un quebradero de cabeza a la madre de mi host con sus hábitos de comida. Fue una buena despedida de la casa y la familia.

Viernes

Después de horas cortando bizcochos, ¡logré salir antes! Gracias a mi supervisora, la verdad, porque los jefes ya se habían ido y no tenía ningún sentido que me quedara después de las 15h habiendo terminado ya todo. Así que me dejó salir antes y me llevé una cantidad enooooorme de bizcocho.

Sí, me gusta haberme podido llevar un montón y repartirlo entre mis compañeros eurobecarios, pero no entiendo cómo puede sobrar tanto y tirarse a la basura. Es decir, si cada día te sobra un poco, puedo entender que alguien considere que no vale la pena donarlo a comedores o escuelas, por ser cantidades ridículas. Pero cuando sobra un 10% de 50 planchas de bizcocho de 60x40cm, y además ya sabías que iba a sobrar esa cantidad, porque es la que siempre sobra de una plancha de bizcocho y ya sabías que iba a tocar hacer 50 esa semana; no entiendo cómo pueden simplemente tirarlo a la basura y no llamar a alguien para que venga a recogerlo o algo. Además de que en algunos países hay que tener licencias o pasar inspecciones para donar comida, pero en Irlanda no. Cualquier se puede plantar a donar comida a un comedor social.

En fin. Estuve en Trinity descansando y reunida con algunas eurobecarias que iban pasando por el centro, y luego nos fuimos a tomar unas cervezas al Workman’s Club, a usar una última vez las pulseritas de tour de bares que teníamos. Planeamos una excursión para el día siguiente e intentamos organizar una cena, pero eso ya es tema del sábado.

Sábado

El plan del sábado fue dar un paseo por Malahide, bordeando la playa y acabando en… Un lugar con cuyo nombre no me quedé, pero que Google Maps sabe recordarme: Portmarnock. Fui con las eurobecarias que me engañaron en Skerries (ya sabéis, ésta vez es shame on me) y otras dos eurobecarias más. El paseo fue corto pero complicado, caminando por piedras irregulares por la zona de la playa. La verdad es que más que la propia playa íbamos mirando el suelo para no tropezar…

Después del paseo y esperar un buen rato al autobús que nos llevara de vuelta al centro (pero oye, tuvimos oportunidad de dar de comer a patos), estuve con un amigo que pasará los próximos tres años estudiando en Dublín, contándole un poco mi experiencia y dónde disfrutar de unas pintas baratas.

A continuación ya quedamos para ir a cenar pizza y pintas, para despedir bien Dublín. No estuvimos los treinta eurobecarios, pero sí fuimos unos cuantos, y la verdad es que entonces sentí que me faltaba algún día más de pasear despreocupada por Dublín. Un día de perderme por la ciudad que ya conozco tan bien, sin estar pensando en los dolores de cabeza que mi host o mis jefes me hubiesen causado. Pero tampoco echo en falta ahora un día más. El sábado fue una buena despedida. He hecho mis paces con la ciudad.

Domingo

El tan esperado domingo… Es terrible cómo en Dublín amanece tan pronto, e incluso cuando quieres estar hasta las tantas durmiendo, te quedas despierto. Y el domingo fue un día de esos, de poder dormir hasta las 11 y estar de pie a las 8. Como ya tenía mi maleta preparada, me quedó verificar que el peso era adecuado (18 de 20 kg en la maleta grande y 8 de 10 kg en la pequeña)… Y listo. Esperar.

Mientras el resto de los eurobecarios publicaban mensajes pastelosos en Dublín (comprensible, si las ciudad los enamoró), yo me moría de ganas de irme.

A partir de las 13h, tocó ida al aeropuerto, despedida de mi host, encontrarme con el resto de los eurobecarios que como yo habían llegado pronto, check-in, control de seguridad, almuerzo y foto de despedida. Nuestra última foto como eurobecarias.

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Y lo siguiente es estar en Madrid, en el aeropuerto con mis padres y Álvaro que me vinieron a recoger; acto seguido en mi casa comiendo empanadas caseras; darme cuenta de que mi ordenador y mi habitación son absolutamente gigantescos, en comparación con lo que he estado utilizando en los últimos meses.

#HomeSweetHome.

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