los Reyes son los Maestros

Me he portado bien este año, y a ver quién se atreve a negarlo. Sí, podría haber sido menos puto malhablada, pero quiero pensar que eso me hace entrañable (probablemente no) y especial (a nadie le gusta eso de mí, estoy segura). Pero: “I’m a classy, well-educated woman who says ‘fuck’ a lot”. #DealWithIt.

Llegó la Navidad y con ella mi examen para cambiar de cinturón en karate, llegó Reyes y con ello mi nuevo cinturón. Y en medio llegó un nuevo año en el que estar orgullosa e increíblemente agradecida de formar parte de la comunidad de karatekas de Mabuni.

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Hace menos de un año entré en el gimnasio con mi cinturón blanco y me coloqué en mi esquina, mirando al suelo, sonriendo tímidamente a los demás, con miedo a que notaran demasiado mi presencia. Ahora mantengo la mirada al frente, me río con ganas y me siento una más. Sé que me quieren y me echan de menos cuando no puedo ir, igual que echo yo en falta a aquellos con los que no he podido coincidir durante la semana.

Y es que cuando digo que la mejor decisión de mi 2016 ha sido empezar a hacer kárate, no lo digo por darle dramatismo a mi vida. Lo que me ha dado el karate en menos de un año, se quedará ya conmigo para siempre. Y estoy hablando de flexibilidad, agilidad, fuerza… Pero sobre todo hablo de confianza, autoestima, seguridad, paz.

Nunca me había sentido tan tonta riéndome tanto como cuando David intentó enseñarme a hacer flexiones de yudo (derrame cerebral incluido) ni había pasado tanto miedo como cuando me tocó hacer kumité con Carmen.

Nunca un cumplido me había llegado tanto como cuando me lo hace uno de mis maestros. Que vean en mí potencial, actitud y voluntad, me llena el corazón. Me da ganas de demostrarles que no se equivocan conmigo.

Y como esas, miles de anécdotas, confesiones y risas. Pero vamos a dejarlo por hoy, que se hace tarde y hay que ir a trabajar. Eso sí, no sin antes compartir mis estadísticas:

+ 20 puntos de agilidad

+ 30 puntos de autoestima

+ 40 puntos de confianza

+ 20 puntos de destreza

+ 60 puntos de serenidad

+ 20 puntos de voluntad

 

Así que ahí lo tenéis. El mejor regalo de estas Navidades. Sin duda. Y no, no me refiero al cinturón naranja. El regalo ha sido la confianza para poder conseguirlo.

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