28 años no es nada

Es extraño escribir esto cuando hace ya casi seis meses que tengo 28 años. Pero tenía que pasar, y éste es un buen momento para que ocurra. Mejor que cualquier otro, dado cómo fue cumplir años. Qué cambios, qué intimidante todo, pero qué necesario, salir adelante de un pozo de miseria.

Cumples 28 años y la gente o se piensa que todavía tienes 20 y poco, o ya está calculándote 30 y muchos. Sí, estoy más cerca de los 30 que de los 20, pero estoy en esa franja en la que a veces es difícil de adivinar. Las canas que están inundando mi pelo por el estrés al que he estado sometida (y sigo, para ser sincera, aunque ahora estoy aprendiendo a controlarlo) me hacen parecer mucho más vieja; el hecho de que siempre esté riéndome (bueno, quien dice riéndose, dice descojonándose) y que sea más dulce que un cupcake, me quita años. Pero al final siguen siendo 28 años en este 2018, y en mis 27 años: me reencontré con todos mis hermanos en Lyon, estuve en la boda más bonita del mundo, obtuve mi cinturón verde de karate, me hice esclava indefinida de Chicote, tuve que hacer frente a una relación de mierda, me tocó despertar de una vez y procurar no morir en el intento de cambiar mi vida, a mejor.

Han pasado muchas cosas en este último año de vida, y pocas de ella han sido buenas. Tampoco vamos a dramatizar, pero no habría sido una casualidad si me hubiese despertado un día con el pelo totalmente blanco (habría sido devastador, pero joder lo que habría molado a la vez). Pero cambié de trabajo y entré en un entorno que me está haciendo perder la cabeza, pero en el que he conocido a gente absolutamente maravillosa. Gente que me ha partido el corazón al marcharse, y me dan la vida cada vez que me vuelvo a encontrar con ellos.

Y aunque el día de mi cumpleaños fue un punto determinante en querer volver a empezar mi vida, en recomponer mi alma y curar mi corazón, ahora es cuando puedo (por fin) decir que lo estoy empezando a hacer de verdad. Y sí, han pasado cinco meses desde entonces. Pero empezamos con pequeños pasos y luego el camino se va creando. No es fácil salir empezar a caminar cuando tira de ti más peso del que puedes soportar. Pero cortamos la cuerda, y recordamos lo que se siente, levantarse, estirarse, avanzar… Espero que dentro de poco, recuerde lo que se siente volar.

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